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Crece el número de empresas y comercios que están en crisis por la situación financiera del país

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Las cifras son alarmantes: durante 2018 fueron 10 mil los empleadores que desaparecieron del mercado. Es uno de los indicadores que muestran el crecimiento de empresas y comercios que atraviesan una situación crítica por la economía del país. La inflación se aceleró al punto de cerrar el primer trimestre del año por encima del 10 por ciento que se suma al 47,6 por ciento con el que concluyó el año pasado. Los salarios perdieron un 12 por ciento promedio de poder adquisitivo en comparación con el aumento de precios y esto ha creado un derrumbe en el consumo que impactó en el comercio y las pymes. A esto hay que agregarle la suba de los servicios, impuestos, insumos de trabajo, alquileres y las tasas de interés que han afectado al sector.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) registró un total de 246 empresas que entraron en el proceso preventivo de crisis y hubo 2177 empresas que quebraron sólo en Capital Federal y Gran Buenos Aires. En los primeros tres meses de este año, ya hubo 30 empresas que presentaron el preventivo de crisis y esto representa la mitad del total del año pasado.

En los últimos tres años aumentó la cantidad de pedidos de concursos de acreedores y de procesos preventivos de crisis. La actividad no muestra señales de recuperación. Desaparecieron casi 10.000 empleadores en 2018.

“El aleteo de las alas de una mariposa puede desatar una tormenta al otro lado del mundo”, dice un proverbio chino. Esta idea está vinculada a la teoría del caos, en la que ciertos tipos de sistemas complejos y sistemas dinámicos no lineales son muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Así, un pequeño cambio en el inicio puede tener resultados mucho más amplios de lo que se podía prever. En la Argentina de hoy, la actividad económica está sintiendo el “efecto mariposa” en forma de cierres de comercios e industrias, situaciones de crisis, y pérdida de empleo.

En rigor, la caída del consumo comenzó en el año 2012, momento en el que la inflación empezó a mostrar signos de, digamos, rebeldía. Con el Estado poniendo un pie sobre el esquema tarifario y permitiendo aumentos que acompañen la suba de precios, el poder adquisitivo de los trabajadores se mantuvo lo suficiente como para no generar grandes cambios en los niveles de consumo. Sin embargo, el horizonte comenzó a cambiar desde 2015 con el nuevo modelo económico implementado por el Gobierno de Mauricio Macri, publicó Ámbito.

En mayor o menor medida, los economistas de uno y otro lado de la “grieta” y los que podríamos llamar “neutrales”, coinciden en que la economía requería una corrección de precios relativos, producto de que el dólar y las tarifas, por ejemplo, estaba retrasados. Donde difieren las opiniones es en el límite hasta el cual debe hacerse. Lo cierto es que la inflación se aceleró al punto de que 2018 concluyó en 47,6%, el índice más alto desde 1991. Y 2019 ya arrancó con un primer trimestre por encima del 10%, lo que perfila el año para estar sin dudas por arriba del 30%.

En este escenario, en el que los salarios perdieron el año pasado 12 puntos en promedio de poder adquisitivo, comercios e industrias están sintiendo con fuerza el derrumbe del consumo. A lo que se le suma que los costos -servicios, impuestos, material de trabajo, alquileres, etc.- se dispararon, y las tasas de interés se fueron a las nubes. El resultado: cientos de empresas cerraron o se presentaron a procesos preventivos de crisis (PPC) o directamente a concurso de acreedores, y se perdieron miles de puestos de trabajo.

El listado de empresas con problemas -temporales o definitivos- es larga y no discrimina entre grandes, medianas y chicas, ni en sector. Algunos ejemplos: la operación local de embotellamiento de Coca-Cola se vio afectada y se presentó a PPC. En concurso de acreedores entraron compañías como Fate (neumáticos), la aerolínea Avianca, Editorial Atlántida, la cordobesa Zárate (materiales de construcción) y Winery (vinos); Molinos Cañuelas necesitó un préstamo del BICE para seguir operando; cerraron locales gastronómicos históricos como Rodizio, Clo-Clo, Los Maizales, y ahora Plaza del Carmen también tienen inconvenientes; en junio desaparecerá el shopping Del Parque; la cadena Musimundo cerró locales en el interior; Tsú cosméticos sus fábricas en el conurbano; en ropa tambalean marcas como AY Not Dead, Wanama, Cook, Legacy, mientras que tampoco están bien otras como Stone, Bendito pie, Garçon García y Agarrate Catalina. Esto sólo por nombrar algunos casos de impacto mediático, porque la realidad es que hay muchos otros de los que no se habla.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en los últimos tres años hubo un “impacto negativo” en la actividad económica que afectó a “un número importante de empresas”. En total, son 246 casos en procesos preventivos de crisis y 2.177 quiebras sólo en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Los datos son más difusos, pero igual de elocuentes, en las provincias. Confirmado por el propio jefe de Gabinete nacional, Marcos Peña, en los primeros tres meses del año ya se presentaron 30 casos de PPC; es casi la mitad de lo que fue el total de 2017.

Sobre la base de datos del Boletín Oficial, CEPA indicó que en 2016 la cifra de quiebras fue de 666, y se elevó a 716 en 2017 y a 795 en 2018. Mientras que las que presentaron PPC pasaron de 210, a 227 y 368, en los mismos períodos.

Por otro lado, la Cámara Argentina de Comercio (CAC) reveló en su último informe de enero-febrero que la cantidad de locales vacíos en las principales zonas comerciales de la Ciudad eran 245, un número que representa una mejora de 23% en la comparación interanual, pero que está muy por debajo de los registros de años anteriores.